sábado, 1 de abril de 2017

Castro de Las Merchanas: Territorio Vetón

"En las ruinas del Castro de Las Merchanas resuenan los ecos de un esplendor cada vez más lejano. El coraje y la tenacidad de una cultura que se resiste a caer en el olvido todavía impregan la atmósfera. Las piedras hablan, y cuentan una historia de lucha, dolor y sangre. Hoy, más de 2000 años después, este lugar todavía les pertenece"

Dice el lema que Castilla y León es vida. Y es cierto, es vida, cultura, paisajes, naturaleza, y, sobre todo historia, mucha historia. Una estupenda forma de conocer parte de la biografia de esta tierra (y por ende del mundo entero) es la marca Territorio Vetón. Bajo esta denominación se agrupan una serie de yacimientos arqueológicos pertenecientes a pobladores prerromanos de cultura celta: los vetones, un pueblo de cazadores, guerreros y ganaderos que habitó la antigua Iberia hace más de 2500 años. A través de una serie de publicaciones pretendo mostraros parte de su legado. La visita al Castro de Las Merchanas es una excelente forma de iniciar este viaje a la historia de nuestros antepasados. 

El castro se encuentra a orillas del río Camaces, en el municipio de Lumbrales, todavía dentro de los límites del Parque Natural Arribes del Duero. Su origen se remonta al siglo VII a.C. y recorrer la ruta que lo bordea es sin duda uno de los grandes atractivos que nos ofrece esta zona salmantina. 

La visita comienza en el aparcamiento que da acceso a este. En él, nos encontramos la primera de numerosas paradas: una escultura que lleva por nombre "Somos los que damos". Obra de Juan Vicente Sánchez, está dedicada a las personas que aportan al bien común lo que son o lo que tienen, en especial a los descendientes de la familia García Comerón, que en 2004 donaron los terrenos en los que se ubica este castro por el precio simbólico de 1 €.

 Izquierda: Somos lo que damos de Juan Vicente Sánchez (Castro de las Merchanas)
 Derecha: Estela que nos da la bienvenida al lugar. En realidad es un iconoscopio
en el que se pueden ver imágenes del lugar (Castro de las Merchanas)

Dejamos atrás el aparcamiento y continuamos por una preciosa calleja de piedra que discurre a la sombra de incontables encinas. Tras los muros se alzan los restos de numerosos chozos (un tipo de construcción muy típica en esta zona).


La calleja nos conduce al Mirador del Castro, un fantástico rincón que nos ofrece una bella panorámica del Castro de las Merchanas.

El mirador del Castro de las Merchanas. Durante la ruta dispondremos de infinidad de recursos (paneles, juegos, telescopios...) para disfrutar todavía más de este paraje.
El camino continúa y desemboca en el Molino del tío Justo, un precioso edificio situado a la vera del río Camaces y que en la actualidad está totalmente restaurado. En él, podremos contemplar los distintos elementos que lo componen: tolva, saetín, rodezno, etc. y obtener numerosa información en los diferentes paneles que penden de sus muros. Pero eso no es todo: el molino guarda una sorpresa; pulsando un botón que se encuentra en una de sus puertas se proyectará una película sobre las paredes del propio edificio que nos hará partícipes de la historia del lugar.

Molino del tío Justo (Castro de las Merchanas)

La ruta sigue a la otra orilla del Camaces, el cual salvaremos cruzando un pequeño puente que nos conducirá a la puerta de entrada al Castro. 



Frente a la muralla, uno se da cuenta del tamaño colosal del poblado. Resulta difícil imaginar que este lugar habitado ahora tan solo por el silencio, haya sido durante siglos (se dice que estuvo poblado desde el VI a. C. hasta el V d. C.) el hogar de miles de almas olvidadas. Llama la atención la forma de embudo (en enviaje) para acceder al interior de este. Nada es casual, los vetones diseñaban entradas anchas al principio y estrechas al final para favorecer la defensa. Desafortunadamente para ellos, el método no fue muy efectivo y cuando el lugar fue conquistado por los romanos la puerta fue remodelada con todo lo que pillaban a mano (estelas funerarias incluidas).

Muralla exterior del Castro de las Merchanas. Hasta 2005 se ocultaban bajo un espeso manto de vegetación.

Al otro lado de la fortificación el viaje al pasado continúa, y pronto nos daremos de bruces con la siguiente parada: el muro romano, una pared de algo más de 3 metros de altura que probablemente sea el único resto de algún antiguo edificio público romano.

El muro romano es el único que queda en pie de la antigua ciudad. En sus cimientos se han localizado fragmentos de esculturas de mármol de origen italiano. (Castro de las Merchanas)

Desde el muro, el camino se bifurca en dos direcciones. El desvío más interesante, y de mayor dificultad, consiste en una pequeña senda al abrigo de viejas y retorcidas encinas. No muy lejos, a la sombra de sus hojas, descansa uno de los misterios más inciertos del castro: el Ferrari, un enigmático grabado conocido así por su semejanza a un Fórmula 1.

El Ferrari. (Castro de las Merchanas). Para que el grabado se vea con mayor claridad lo he
"photoshopeado" tomando como base una placa que existe junto a él y superponiendo capas.

Tras el Ferrari, la senda nos conduce nuevamente al exterior de la muralla y nos lleva a la siguiente parada: el campo de piedras hincadas. Los restos de estas estructuras defensivas son comunes en los yacimientos vetones (y de otras culturas). Consiste en colocar piedras puntiagudas (generalmente en las explanadas de las partes más propensas a sufrir un ataque) con el objetivo de que los jinetes enemigos no puedan cargar a caballo, obligándolos a apearse del mismo y dificultando su movimiento (algo que complica un poco las cosas cuando desde el interior de la fortificación te llueve de todo excepto flores).

Campo de piedras hincadas (Castro de las Merchanas)

Finalmente, y para terminar el recorrido, junto al campo de piedras hincadas, guardando la puerta vetona que aquí se halla, se alza el símbolo de la cultura vetona: el verraco. La escultura que define un pueblo que hoy lucha por no caer en el olvido. 

Verraco (Castro de las Merchanas). Aunque el animal pasó algunos años en la plaza del mercado
de Lumbrales, finalmente, tras ser restaurado, volvió a su lugar de origen.
PD: Para los que crean que por sus venas corre sangre vetona, el Castro de las Merchanas alberga un último rincón: el mirador de Pocito Manzano. ¿Que por qué digo esto? Bueno, la última vez que yo estuve en el castro, para llegar a él tuve que atravesar silvas, saltar de roca en roca y superar algún que otro socavón. Quizás ahora el camino esté despejado, pero ya os digo que cuando yo fui aquello era un Amazonas. Os dejo unas fotos del mirador y unos cuantos enlaces que os pueden interesar (en especial la web Territorio Vetón).

Mirador del Pocito Manzano (Castro de las Merchanas) Para llegar a él debemos
tomar un "camino" cercano al mirador del Castro.
Panorámica desde el mirador de Pocito Manzano (Castro de las Merchanas)
El Camaces desde el mirador del Pocito Manzano

Enlaces de interés:

martes, 28 de marzo de 2017

Parque arqueológico de Campo Lameiro

Visitar el Parque arqueológico de Campo Lameiro es una de las actividades más recomendables que se pueden realizar en las Rías Baixas. Acercarse a él supone retroceder más de 4000 años atrás en un viaje mágico por uno de los conjuntos de petroglifos más importantes de Europa. Conocimiento, arte, naturaleza e historia se dan la mano en un espacio de casi de 22 hectáreas en lo que supone un auténtico Louvre del arte rupestre al aire libre (y a tan solo 20 minutos de Pontevedra).

Parque arqueológico de Campo Lameiro
La primera parte de la visita se desarrolla en el Centro de Interpretación, un fantástico espacio en el que descubriremos la historia tras los petroglifos y todo lo relacionado con la época en la que estos grabados fueron tallados en roca. A continuación os dejo unas fotografías:

Centro de Interpretación del Parque arqueológico de Campo Lameiro.
A lo largo de numerosas salas iremos obteniendo la información necesaria para el itinerario posterior.
Así eran las casas hace 4000 años. A la exposición del centro de interpretación no le falta de nada.
Maqueta del parque arqueológico de Campo Lameiro. Sus 22 hectáreas albergan cerca de un centenar de petroglifos.

Tras la visita al centro de interpretación, es el turno de recorrer el área arqueológica visitable. Para ello, el parque nos ofrece dos itinerarios (el más largo de ellos tiene algo más de 3 kilómetros de longitud) a través de un hermoso paisaje plagado de castaños, pinos, robles y áreas de descanso.

A Laxe da Forneiriña es la primera de las estaciones de petroglifos que nos encontraremos en el itinerario.
Además del valor cultural, el Parque arqueológico de Campo Lameiro destaca por su belleza natural.
El poblado es, sin duda, uno de los rincones preferidos de los visitantes del lugar.

A Laxe dos Carballos es una de las estaciones de petroglifos más importantes de Europa. En ella aparece un enorme ciervo
con lanzas clavadas en su lomo y una cuerda alrededor de su cuello.


Y hasta aquí esta pequeña reseña. Si os gustado, os invito a que vayáis a conocerlo. Lo que aquí os he mostrado es una pequeñísima parte de un precioso rincón con miles de cosas que descubrir.

Os dejo el enlace de la página web oficial del Parque arqueológico. En ella encontraréis multitud de información.

Antes de despedirme os recomiendo que echéis un vistazo a este vídeo de Turismo Rías Baixas sobre el parque. Merece la pena. ¡Un saludo!